
En el mundo existen 569 elementos inscritos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, la cual tiene por objeto resaltar y visibilizar las tradiciones y conocimientos de las comunidades. La UNESCO denomina elemento a aquellas tradiciones, prácticas o expresiones culturales que son reconocidas e inscritas en dicha lista, con o sin medidas de salvaguardia o protección.
Colombia ha logrado que once tradiciones o expresiones vivas sean declaradas por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad. Estas son: el Espacio Cultural de San Basilio de Palenque, el Carnaval de Barranquilla, las Procesiones de Semana Santa en Popayán, el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, el Sistema Normativo de los Wayúu, los Conocimientos Tradicionales del Río Pira Paraná, la Fiesta de San Francisco de Asís en Quindío, las Músicas de Marimba y Cantos Tradicionales del Pacífico Sur, y la Música Vallenata Tradicional del Caribe Colombiano.
Para que una tradición, práctica o expresión cultural sea declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, se deben agotar una serie de trámites establecidos una vez sea inscrito el expediente de la candidatura propuesta por el Estado interesado.
Existen dos tipos de listas de patrimonios: por un lado, la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que busca su visibilización y resaltar su importancia; por otro lado, la Lista de Salvaguardia Urgente, cuyo objetivo es proteger urgentemente aquellos elementos cuya viabilidad está en riesgo, a pesar de los esfuerzos de las instancias nacionales del Estado interesado. Más aún, la inscripción en esta lista requiere que el elemento necesite protección con extrema urgencia ante graves amenazas que ponen en peligro su supervivencia.
La principal diferencia entre el procedimiento de inscripción en las listas de Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) y la selección de buenas prácticas de salvaguardia radica en su objetivo y alcance. La Lista Representativa resalta la diversidad del PCI y contribuye a su reconocimiento, mientras que la de buenas prácticas se enfoca en la implementación de medidas concretas.
De las once expresiones culturales postuladas por Colombia y declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad, solo la Música Vallenata Tradicional del Caribe Colombiano fue inscrita en la Lista de Salvaguardia Urgente. La fecha de depósito del instrumento de ratificación, aprobación y adhesión fue el 12 de enero de 2015.
La declaratoria de la música vallenata tradicional como patrimonio inmaterial de la humanidad, y su inclusión en la lista de patrimonios que requieren medidas urgentes, se dio en el marco de la décima sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, celebrada entre el 30 de noviembre y el 4 de diciembre de 2015.
Previo a la solicitud, el Ministerio de Cultura expidió la Resolución No. 1321 de 2014, mediante la cual se incluyó la música vallenata tradicional del Caribe Colombiano en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional, con el fin de lograr su fortalecimiento, revitalización, sostenibilidad y promoción, a través de la formulación de un Plan Especial de Salvaguardia. Este fue un proceso complejo y costoso, pero finalmente bien articulado con los diferentes actores interesados en que, al ser incluida en la lista de patrimonios inmateriales de la humanidad, nuestra música vallenata tradicional estuviera a salvo de las amenazas que suponían un riesgo para su existencia.
Las razones que el Estado colombiano expuso a la UNESCO para justificar esta inclusión fueron:
La amenaza del narcotráfico de larga data en la región.
El conflicto armado interno y el consiguiente desplazamiento.
La pobreza y la ruptura del tejido social rural y urbano.
La pérdida de los espacios escénicos tradicionales.
La falta de valoración por parte de las generaciones más jóvenes de los aspectos narrativos, testimoniales y reflexivos del elemento.
La amenaza representada por el auge comercial de la nueva ola de música vallenata, adaptada a las exigencias del mercado.

Vale la pena evaluar, a la fecha, cuáles de estas amenazas persisten y cuáles han desaparecido. La UNESCO valoró y tuvo en cuenta todos los compromisos establecidos por el Estado colombiano en el Plan Especial de Salvaguardia (PES), que incluía medidas a adoptar en un periodo no mayor a diez (10) años, con un presupuesto y matriz de financiación definidos.
Dicho plan describía de forma integral las líneas estratégicas de acción y las actividades concretas para su implementación, con el fin de fortalecer la transferencia de conocimiento, el desarrollo de formas de organización comunitaria para la formulación de políticas, la evaluación y el control a través de un comité de seguimiento. Todo esto con un presupuesto detallado por ítem para su ejecución.
Es decir, en este punto se adquirió un compromiso de Estado a Estado: la UNESCO declaraba la música vallenata patrimonio inmaterial de la humanidad y la incluía en la lista de protección urgente; el Estado colombiano debía aportar los recursos para implementar las medidas formuladas, en un plazo y con una matriz de financiación definida. En otras palabras, los recursos ya estaban asegurados.
Hoy, casi diez años después de la declaratoria, el panorama es bastante preocupante: poco o nada se ha hecho por parte del Estado colombiano. Prueba de ello es el último y único informe presentado, el cual estuvo en mora durante al menos cinco años.
En el informe, fechado en diciembre de 2022, el Estado colombiano, a través del Ministerio de Cultura, presentó un resumen de las cuatro estrategias del Plan Especial de Salvaguardia, así como de las doce acciones específicas que plantea dicho plan.
De manera evidente, se constata que nunca existió una articulación directa con las entidades territoriales, ni con los actores y gestores culturales. Tampoco se ejecutaron todas las acciones concretas por parte del Ministerio de Cultura. Lo poco que se ha hecho ha sido gracias a la iniciativa de los actores y gestores culturales. Programas como la Cátedra Vallenata, el Observatorio de la Música Vallenata, el fortalecimiento del conocimiento en las escuelas sobre la música tradicional vallenata, la implementación de un programa de investigación, la plataforma virtual de la música vallenata tradicional, y la alianza de laboratorios sociales para el emprendimiento cultural han sido, en la práctica, una quimera.
De hecho, en el referido informe se establece que, a partir del año 2023, se llevará a cabo una evaluación y actualización de todas las acciones, a través de la validación de nuevas medidas de salvaguardia propuestas por algunos actores, toda vez que no ha sido posible evaluar la eficacia de las acciones ejecutadas.
Como puede apreciarse, el Estado colombiano ha incumplido. Este incumplimiento, considero, obedece a una falta de voluntad y al desconocimiento de las consecuencias que ello podría tener para el país. Además, es evidente que, después de la declaratoria, el Estado colombiano no ha estudiado siquiera los instrumentos técnicos y financieros de cooperación establecidos en la Convención de París de 2003. Esta convención permite a los Estados miembros, que estén al día con sus aportes, acceder a recursos financieros bajo la modalidad de préstamos, así como a cooperación técnica para la implementación de las medidas de salvaguardia.
Urge, entonces, replantear las estrategias y acciones para cumplir con los compromisos del Estado colombiano ante la UNESCO. Para ello, El MUVA promoverá la instalación de una mesa de trabajo que permita realizar una evaluación actualizada con el fin de trazar, involucrados, una nueva ruta que permita le ejecución de acciones concretas vinculando algunas instancias que para tal fin tiene asignadas la UNESCO.