EL MUSEO

ORIGEN

A través del pensamiento crítico, los museos narran la historia de la humanidad en una linea continua de tiempo, creando un universo de conocimientos que permite a cada cultura ser soberana.

En el mundo existen actualmente 55.000 museos, de los cuales aproximadamente 700 están ubicados en Colombia. Esto significa que tenemos un museo por cada 70 mil habitantes, la mayoría de ellos concentrados en las principales ciudades y algunos municipios. Se estima que en el 83% del territorio nacional no hay museos.

El museo de hoy no es solo un recinto destinado a la contemplación de obras de arte consideradas de gran valor. Actualmente, los museos, más allá de exhibir arte, promueven el conocimiento y propician el disfrute, ademas de conservar e investigar, lo que les otorga un enfoque más orientado a la difusión que a la mera exhibición, integrando también la interactividad.

En ese sentido, el Museo Memorias y Narrativas del Vallenato Tradicional (EL MUVA), a través del arte en sus diferentes manifestaciones estéticas, reinterpreta la historia y la memoria de la música vallenata tradicional, con el fin de contribuir a su conservación y preservación.

Todo esto se logra mediante un diálogo directo entre las diferentes obras que forman parte de las colecciones (pinturas, esculturas, fotografía, art print) y los distintos elementos identitarios de la cultura de la música vallenata tradicional (mitos, leyendas, canciones, lugares), los cuales trascienden el tiempo y el espacio para transmitir el conocimiento sobre su origen y evolución.

Las diferentes colecciones exhibidas se centran en el elemento fundacional y evolutivo más importante de la música vallenata tradicional: su oralidad, así como en la narrativa identitaria en la que se sustenta.

UN POCO DE HISTORIA

Nuestras provincias, desde el inicio del periodo republicano hasta las primeras décadas del siglo XX, vivieron alejadas del centro de la acción política, económica y cultural del país. Estaban en un estado de abandono institucional, sin suficientes vías ni medios de comunicación. Las noticias y sucesos tardaban días o incluso meses en llegar a lo profundo del Caribe. No había forma de establecer con facilidad contacto con regiones más desarrolladas, por lo que el acceso a la información hacía de nuestros territorios una especie de “Macondo”, donde, con dificultad, a duras penas llegaban “gitanos desarrapados” con algunos inventos y novedades del mundo exterior.

Es en ese contexto donde cobran vida nuestros juglares, quienes, al estilo de los artistas ambulantes de la edad media, viajaban de pueblo en pueblo entreteniendo a la gente con historias y leyendas. Se convertían, por lo tanto, en verdaderos heraldos trotamundos.

Uno de los referentes más importantes, si no el más destacado, es el juglar conocido como Francisco El Hombre. Su reconocimiento universal quedó plasmado en la obra Cien Años de Soledad, donde García Márquez describe su importancia en el arte de la comunicación a través de una particular tradición oral, que desde entonces es la impronta de la música vallenata tradicional.

Así lo describe Gabo:

Esta notable reseña sobre la importancia de esta particular forma de transmisión noticiosa, evidencia que la música vallenata tradicional ha perdurado de generación en generación a través de la oralidad, y gracias a ello ha sobrevivido.

Sin embargo, con el paso de los años, este legado cultural se ha visto seriamente amenazado, ya que la tradición oral no cuenta con los cultores ancestrales que permitan continuar ese voz a voz.

Hoy en día, no existen suficientes medios de transmisión oral que garanticen la continuidad de la narrativa fundacional de la cultura vallenata tradicional. Por lo tanto, la importancia de esta obra se enmarca dentro de la política pública nacional de protección del vallenato tradicional, lo cual se vuelve imperativo tras la declaratoria de la Unesco, que reconoce a la música vallenata como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Por esta razón, deben adoptarse una serie de medidas de salvaguarda para la protección y conservación de la música vallenata, y una de esas medidas es, precisamente, la transferencia de conocimiento sobre el vallenato tradicional a través de El Museo Memorias y Narrativas de la Música Vallenata Tradicional – EL MUVA.

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Meses después volvió Francisco El Hombre, un anciano trotamundo de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo. En ellas, Francisco El Hombre relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de Ciénaga, de modo que si alguien tenía un recado que mandar o un acontecimiento que divulgar, le pagaba dos centavos para que lo incluyera en su repertorio. Fue así como se enteró Úrsula de la muerte de su madre, por una casualidad una noche en que escuchaba las canciones con la esperanza de que dijeran algo de su hijo José Arcadio. Francisco El Hombre, así llamado porque derrotó al diablo en un duelo de improvisación de cantos, y cuyo verdadero nombre no conoció nadie, desapareció de Macondo durante la peste del insomnio y una noche reapareció sin ningún anuncio en la tienda de Catarino.

Todo el pueblo fue a escucharlo para saber qué había pasado en el mundo. En esa ocasión llegaron con él una mujer tan gorda que cuatro indios tenían que llevarla cargada en un mecedor, y una mulata adolescente de aspecto desamparado que la protegía del sol con un paraguas. Aureliano fue esa noche a la tienda de Catarino. Encontró a Francisco El Hombre, como un camaleón monolítico, sentado en medio de un círculo de curiosos. Cantaba las noticias con su vieja voz descordada, acompañándose con el mismo acordeón arcaico que le regaló Sir Walter Raleigh en la Guayana, mientras llevaba el compás con sus grandes pies caminadores agrietados por el salitre.

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NUESTRO PROPÓSITO

Nuestra pretensión, es que a través de EL MUVA se contribuya a mantener viva esta tradición en la mente de las nuevas generaciones, tal como lo exige el Plan Especial de Salvaguardia de la Música Vallenata Tradicional del Caribe Colombiano, siendo esto posible, mediante la transmisión de saberes y conocimientos desde diversas perspectivas históricas, musicológicas, antropológicas y sociológicas, a través de la creación y fortalecimiento de espacios de diálogos intergeneracionales.